Europa financia la guerra de Ucrania y ofrece una retaguardia segura, contrarrestando así la superioridad de fuego de Moscú.
Rusia se enfrenta a una asimetría fundamental al intentar doblegar a Ucrania mediante ataques aéreos cada vez más intensos contra centros comerciales, centrales eléctricas, puertos y otras infraestructuras. Kiev cuenta con una retaguardia segura más allá de sus fronteras —sus vecinos europeos— para garantizar su resiliencia económica y su logística militar.
El Kremlin, cuyas refinerías, puertos e industrias de defensa también son blanco de misiles y drones ucranianos, carece de un respaldo similar. Los impactos en la economía militarizada de Rusia se traducen de forma más directa en daños a la capacidad del país para sostener el esfuerzo bélico.